El libro Supremo de todas la Magias - Alberto El Grande - ebook
Opis

En la obra de Alberto El Grande figuran sus admirables secretos conteniendo muchos tratados sobre la concepción de las mujeres, las virtudes de las hierbas, de las piedras preciosas, de los animales, aumentados con un compendio curioso de la fisonomía y un método de preservación contra la peste, las fiebres malignas, los venenos y la infección del aire propagador de enfermedades. El LIBRO SUPREMO DE TODAS LAS MAGIAS pone al alcance del estudioso y del erudito los secretos maravillosos de la magia natural y cabalística, en los que se encuentra la mano del maestro, cuyo arte se plasma además en las misteriosas láminas de los talismanes.

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INDICE

LA MAGIA BLANCA

LA MAGIA ROJA

LA MAGIA AMOROSA O VERDE

LA MAGIA NEGRA

EL LIBRO SUPREMO DE TODAS LAS MAGIAS

LOS TESOROS OCULTOS AL ALCANCE DE TODOS MAGIA BLANCA - MAGIA ROJA MAGIA VERDE - MAGIA NEGRA

Alberto el Grande

Primera edición digital en 2017 - David De Angelis - Todos los derechos reservados

LA MAGIA BLANCA

LOS MÁGICOS

Los mágicos son los que principalmente se han complacido en fascinar. Un gitano brujo, citado por Bognet, cambiaba las tinajas de heno en lechoncitos y los vendía como tales, avisando, sin embargo, al comprador, que no los mojase en ninguna especie de agua; pero un comprador del ganado del gitano no habiendo querido seguir su consejo, en vez de lechoncitos vio nadar por encima del agua botas de heno del que quería dar a comer a sus cochinos.

Délrio cuenta que un mágico, con cierto arco, lanzaba una flecha hecha de cierta madera y hacía aparecer de repente delante de él un río tan ancho como larga la distancia a que alcanzaba el tiro de aquella flecha.

La magia da a los que la poseen un poder irresistible, al que nada puede contrarrestar; con sólo un movimiento de su varilla, con una señal cualquiera, trastornan los elementos, truecan y confunden el orden inmutable de la naturaleza, ponen eI mundo bajo el poder de los espíritus infernales, desencadenan los vientos, hacen estallar las tormentas, y envían el frío y el calor. Los mágicos y brujos, dice Wecker, son transportados por los aires con un movimiento rápido, van a donde más les place, andan por encima de las aguas, como Odón el pirata, que divagaba por sobre las olas en alta mar sin esquife ni navío.

Cuéntase que un mágico cortó la cabeza a un criado en presencia de una multitud de personas a quienes quería divertir, y con la intención de volverla a colocar en su puesto, pero mientras se disponía a hacerlo, vio a otro mágico que se obstinaba en impedírselo, a pesar de las súplicas que le hizo para que le dejase continuar su operación; y haciendo nacer entonces encima de una mesa un lirio, y habiendo derribado su cabeza, su enemigo cayó por tierra sin vida y sin cabeza. Luego restableció al criado la suya en sus hombros y desapareció.

Por los año de 1284, los habitantes de Hamel, en la ,Baja Sajonia, viéronse acometidos de un prodigioso número de ratones, hasta el extremo de no quedar un grano que no dañasen o echasen a perder; y tratando algunos de ellos de buscar un medio como librarse de este azote, apareció de repente un hombre de una desmesurada estatura y de horroroso aspecto, que prometió mediante crecida suma de dinero arrojar al momento fuera del territorio de la ciudad aquella plaga de ratones. Luego que se hubieron convenido sacó de su faltriquera una flauta y púsosela a tocar. De repente todos los ratones que se encontraban en las casas, en los tejados, en los enlosados, salieron a bandadas en medio del día, y siguieron al músico hasta el Weser, en cuya orilla, habiéndose quitado sus vestidos, entró en el río y los ratones que le imitaron, se ahogaron en él.

Luego que hubo cumplido su promesa, fue a pedir el dinero que se le había prometido, pero encontró a los que habían convenido dárselo muy poco dispuestos a satisfacerlo. Esta acción de mala fe le enojó en gran manera, y Ileno de cólera les amenazó con una venganza terrible, si no le pagaban en el acto cuanto hablan contratado; pero sus deudores se burlaron de él y de sus amenazas.

Apareció al día siguiente el mágico con un semblante terrible, bajo la figura de un cazador, tocó otra flauta muy diferente de la primera, y todos los muchachos de la ciudad desde cuatro años hasta doce le siguieron espontáneamente. Condújoles a una caver• na que había dejado, en una montaña algo distante de la ciudad, sin que desde entonces se haya visto ninguno, ni se haya podido averiguar qué había sido de todos ellos. Desde que hubo sucedido tan sorprendente aventura, hase tomado en Hamel la costumbre de contar los años desde la salida de los niños, en memoria de los que se perdieron de este modo. Los anales de Transilvania han aprovechado este cuento, y dicen que por aquel tiempo llegaron allí algunos niños, cuya lengua no podían entender y que habiéndose establecido en Transilvania, perpetuaron allí su idioma, de suerte que aún en el día se habla el alemán-sajón.

La segunda prueba se verá sobre la puerta llamada la Nueva, donde en versos se leía, que en 1284, un mágico arrebató a los habitantes de la ciudad 130 niños y los condujo a una caverna del monte Coppenberg.

Mas no se diga por esto que sea verdadera esta historia; sino sólo que se creía así. ¿Cómo los padres dejaron ir a sus hijos? Si temían al mágico de la flauta, ¿por qué no le pagaron? ¿Cómo estos niños anduvieron cien leguas por debajo de tierra para lIegar a Transilvania por un camino que no se ha podido descubrir? Si el diablo los ha transportado por los aires, ¿cómo no los ha visto nadie...? Algunos escritores sensatos dicen que estos niños fueron arrebatados, a consecuencia de una guerra, por el vencedor, y que las viejas de la ciudad, según su laudable costumbre, forjaron un cuento a su modo, para asustar a los niños. Otros miran esta aventura como imaginaria.

He aquí algunos otros hechos un poco más antiguos y. que son tan verdaderos como la salida de los niños de Hamel.

El mágico Lexilis, que floreció en Túnez poco antes del esplendor de Roma, fue puesto en la cárcel por haber introducido por medios diabólicos al hijo del soberano en el cuarto de una joven hermosa que su padre reservaba para éI.

En esta misma época sucedió una extraordinaria aventura al hijo del carcelero: acabábase de casar este joven y celebrábanse con todos sus parientes las bodas fuera de la ciudad. Cuando se hizo de noche pusiéronse a jugar a la pelota, y el recién casado, para tener más libre la mano, quitóse de su dedo el anillo nupcial, y lo puso en el de una estatua que allí cerca había, para volvérselo a tomar; pero hablase cerrado la mano y le fue imposible el hacerlo. No dijo una palabra de este extraño prodigio, sino que cuando todos se hubieron ya entrado en la ciudad, volvió solo delante de la estatua, a la cual encontró con la mano abierta y extendida como antes, pero sin el anillo que había puesto en ella.

Este segundo milagro le llenó de sorpresa, mas no por eso dejó de irse a juntar con su esposa. Luego que se hubieron acostado ambos, quiso acercarse a ella y sintió que se lo impedía una cosa sólida que estaba interpuesta entre éI y su esposa, y a la cual no podía ver. «A mí es a quien debes abrazar —le dijo una voz—, puesto que conmigo te has desposado hoy; yo soy la estatua en cuyo dedo has puesto tu anillo nupcial.»

Horrorizado el joven, no pudo contestar, y pasó sin dormir toda la noche. Por espacio de muchos días, todas las veces que quería abrazar a su esposa sentía y oía lo mismo.

AI fin, cediendo a los avisos y amonestaciones de su mujer, lo refirió a su padre, quien le aconsejó fuese a encontrar a Lexilis en su calabozo, y le dio la llave para que lo efectuase. El joven fue al momento a la cárcel y encontró al mágico dormido encima de su mesa. Después de haber esperado largo tiempo sin que se despertase, Ie tiró suavemente del pie, y éste y la pierna arrancada del muslo le quedó en la mano.

Despertándose entonces Lexilis, dio un terrible grito, y la puerta del calabozo se cerró por sí misma. El desventurado joven se echó de rodillas delante de Lexilis, pidióle perdón por su imprudencia y le imploró socorro en lo que le sucedía. El mágico se lo otorgó todo y le prometió librarle de la estatua con tal que le pusiera en libertad. Luego que se hubieron convenido púsose de nuevo la pierna en su lugar y salieron ambos de la cárcel.

Cuando llegó a su casa el mágico escribió una carta, que dio al joven: .«Ve —le dijo—, cuando dé la medianoche, a una encrucijada donde se dividen cuatro calles, espera en pie y con silencio lo que allí te conducirá el acaso. No estarás allí mucho tiempo sin ver pasar por delante de ti muchas personas de uno y otro sexo: caballeros, lacayos, hidalgos, artesanos, los unos armados, sin armas los otros; unos tristes, otros muy alegres. Pero por más que veas, por más que oigas, guárdate bien de hablar ni de moverte. Detrás de toda esta turba de gente seguirá uno de prodigiosa estatura, sentado en un carro; le entregarás esta carta sin decir una sola palabra, y todos tus deseos serán cumplidos.»

Hizo el joven exactamente cuanto se le había prescrito y vio entre aquella muchedumbre de gentes extraordinarias una cortesana sentada sobre un mulo, con una varilla de oro en la mano; sus vestidos eran tan delgados y los llevaba tan desaliñadamente puestos, que a través de ellos se veían todas las formas de su cuerpo, además de que sus contorsiones y lascivos movimientos la descubrían a cada momento.

El jefe de esta turba de gentes venía el último. Iba sentado en un hermoso carro triunfal, adornado con esmeraldas y zafiros que relucían con un brillante resplandor en medio de la oscuridad. Al pasar por delante del joven esposo, arrojó sobre él una mirada terrible y preguntóle con amenazador ademán cómo había tenido la osadía de ir a su encuentro. Asustado el joven y acometido de miedo al oír estas palabras, tuvo no obstante valor para extender la mano y presentar su carta. El espíritu, que reconoció el sello que en ella había, exclamó enrojeciendo: «Ese Lexilis estará aún mucho tiempo sobre la tierra...» Un momento después, envió a uno de sus siervos a que quitase el anillo del dedo de la estatua, y desde entonces el hijo del carcelero cesó de ser atormentado en sus amores.

Entretanto su padre había hecho anunciar al rey que Lexilis había huido de la cárcel; y mientras se le buscaba por todas partes, entró el mágico en palacio, seguido de veinte jóvenes muy hermosas, que llevaban al príncipe exquisitos manjares. Pero, a pesar de que afirmó que jamás había comido nada tan delicioso, el soberano de Túnez no dejó por esto. de renovar la orden de encarcelar a Lexilis; queriendo los soldados apoderarse de él, no encontraron en su lugar más que un perro muerto y asqueroso, en el vientre del cual tenían todos la mano...

Este prodigio excitó la risa general. Luego que se hubieron calmado, mandó el rey a sus guardias que fuesen a casa del mágico, que estaba asomado a la ventana viendo venir a su gente. En cuanto los soldados repararon en él, corrieron hacia la puerta de su casa, que se cerró de repente por sí sola. El capitán de las guardias reales le mandó, de parte del rey, que se rindiese, amenazándole con hundir la puerta si rehusaba obedecerle.

—Y si me rindo —respondió Lexilis—, ¿qué haréis de mí? —Os conduciremos cortésmente aI palacio del rey —repuso el capitán.

—Os agradezco vuestra cortesía —replicó el mágico—, pero ¿por dónde iremos al palacio?

—Por esta calle —añadió el capitán, mostrándole con el dedo.

Y al mismo tiempo vio un gran y caudaloso río, que venía hacia él engrosando sus aguas, y que llenaba el camino que estaba señalando, de tal suerte, que en menos de un momento el agua les llegaba a la garganta. Lexilis, riendo maliciosamente, les gritaba:

—Volveos solos a palacio, que yo no quiero ir como un perro de aguas.

Al saber el príncipe este hecho, juró perder antes la corona que dejar impune al mágico; armóse el mismo para perseguirle, y encontróle en el campo que se paseaba tranquilamente. Los soldados le rodearan aI momento para apoderarse de él, pero haciendo un movimiento Lexilis, cada soldado se encontró con la cabeza entre dos estacas, con dos enormes cuernos de ciervo que le impedían el poderse retirar. Largo tiempo permanecieron en esta postura, mientras que dos niños les daban tremendos porrazos en los cuernos con una vara.

El mágico saltaba de contento a este espectáculo, y el príncipe estaba furioso. Pero habiendo reparado en el suelo, a los pies de Lexilis, un pergamino cuadrado en el cual estaban pintadas muchas figuras y caracteres, él mismo se bajó para cogerle sin ser visto del mágico. No bien tuvo en la mano este pedazo de pergamino, los soldados perdieron sus cuernos y las estacas se desvanecieron. Lexilis fue preso, encadenado y conducido a la cárcel, y de allí al cadalso para ser decapitado y descuartizado. Pero aun aquí quiso jugar al rey una buena pieza; cuando el verdugo descargaba la cuchilla sobre su cabeza, dio el golpe en un tambor lleno de vino, que se derramó sobre la plaza, y Lexilis no apareció más en Túnez...

Además, teniendo los mágicos hábiles y diligentes servidores entre las cohortes infernales, no se dan mucha pena en apropiarse, sin que nadie lo ignore, del bien de otro. Así obraban estos mágicos, que se hacían venir a sus graneros el trigo de sus vecinos, y esa mágica que según DéIrio mandaba aI diablo ordeñar las vacas de sus compañeras y traer a su casa la leche.

Un mágico de Magdebourg ganaba su sustento haciendo varias maravillas, encantamientos, fascinaciones y presagios, en un teatro público. Sucedió que un día que enseñaba por algún dinero un caballito muy pequeño, al que por la virtud y poder de su magia hacía ejecutar cosas verdaderamente prodigiosas, luego que hubo concluido, exclamó que ganaba entre los hombres muy poco dinero, y que iba a subir al cielo... Habiendo tirado en seguida su látigo al aire, empezó a remontarse... El caballito, habiendo cogido con sus dientes el extremo del látigo, se remontó también. El mágico, como si hubiese querido detenerle, cogióle por la cola y le siguió por los aires. La mujer de este hábil mágico asió a su marido por las piernas y se fue consigo; en fin, la criada cogió a su ama de los pies, el lacayo el vestido a la criada, y bien pronto el látigo, el caballo, el mágico, su esposa, la cocinera y el lacayo, toda la familia ordenada a manera de una bandada de grullos, o como los granos de un rosario, volaron por los aires y se remontaron a tan alta distancia que se les perdió de vista. Mientras que todos los espectadores permanecían estupefactos de una admiración bien natural por semejante prodigio, llegó un hombre y preguntóles la causa de su asombro, y cuando la supo: «No temáis, les dijo, por vuestro hijo; no se ha perdido aún, acabo de verle en el extremo de la ciudad con su mujer, sus criados y su caba: o...» Si esto es verdad, preciso será convenir que el diablo hace por sus amigos chocantes jocosidades.

ALBERTO EL GRANDE

Dice Alberto el Grande en sus admirables secretos, que poniendo un diamante sobre la cabeza de una mujer dormida, se conoce si es fiel o infiel a su marido, porque si es infiel, se despierta sobresaltada y de mal humor, y si por el contrario es casta, abraza a su marido con ternura. —Ya es bueno que este secreto no sea seguro, porque sería jugar una mala pieza a un marido aconsejándole esta prueba.

El pequeño Alberto, que no es menos hombre de provecho, da este medio de asegurarse de la fidelidad de una mujer: «Tomad, dice, la punta del miembro genital de un lobo, el pelo de sus ojos y el que tiene debajo de su boca a manera de barba; reducidlo todo a polvo por medio de la calcinación, y hacedlo tragar a la mujer sin que ella lo sepa, y entonces podréis aseguraros de su fidelidad. El tuétano de la espina dorsal de un lobo produce el mismo efecto.»

FISONOMiA

Arte de juzgar a los hombres por las facciones de su rostro, o sea el juicio de conocer el interior del hombre por su exterior

Esta ciencia se ha granjeado más enemigos que prosélitos, la que sólo aparece extravagante cuando se la quiere alejar demasiado; todos los semblantes, todos los seres unidos difieren entre sí no solamente en las razas, en sus sexos, en sus familias, sino que también en su individualidad. Cada individuo difiere de otro de su misma especie. ¿Por qué esta diversidad de formas no será consecuencia de la variedad de los caracteres?

l.° El alma con sus facultades produce los efectos, adquiere las ideas, son innatas, esto es, nacen con ella.

2.° La cabeza es, en este mundo, el órgano de manifestación del alma.

3.° El alma posee varias facultades que manifiesta por otros tantos órganos o partes simples de la cabeza.

4° El tamaño de un órgano cerebral, siendo todo lo demás igual, es una medida positiva de su fuerza de manifestación mental.

5.° El tamaño y forma del cerebro se conocen por el tamaño y forma de la superficie externa del cráneo o cabeza.

6.° Toda facultad mental tiene su mímica, su fisonomía, su gesto, su expresión externa, o sea su Ienguaje natural y universal.

Historia del magnetismo humano

El Magnetismo, como la Frenología, existe desde tiempo inmemorial. Los egipcios, los griegos, los romanos, los celtas lo conocieron; pero lo conocieron sólo en sus efectos, y como agente no sometido a la voluntad del hombre. Los sacerdotes egipcios decían que su diosa Isis durante sus sueños, inspiraba a los fieles el modo de curarse las enfermedades. Los primeros médicos griegos empleaban, en la curación de sus enfermos, ciertos procedimientos mágicos muy semejantes a las fórmulas de nuestros magnetizado-res. ¿Qué eran las célebres Sibilas de los romanos, sino sonámbulas naturales: y sus oráculos respuestas de alguno que espontáneamente se magnetizaba? ¿No nos dice San Justiniano: «Las Sibilias decían con justicia y verdad muchas cosas extraordinarias, y cuando el instinto que las animaba desaparecía, perdían la memoria de lo que ellas habían anunciado?» Entre los Celtas, las-Druidas o Sacerdotisas, en un estado de somnolencia, sanaban o pretendían sanar a los enfermos que se consideraban incurables, tenían o pretendían tener conocimiento del porvenir, y lo anunciaban a los mortales.

La historia del Magnetismo ha probado que muchas curaciones notables y otros inexplicables prodigios de la edad media, en que no es mi ánimo engolfarme, se debían todas a las operación de aquel agente. Pero las personas que entre aquellas gentes producían estos sorprendentes fenómenos, se consideraban como criaturas sobrenaturales a quienes Dios había dotado de facultades portentosas. Había en ellas un poder que espontáneamente se desarrollaba, y que se conocía sólo por sus efectos. Por este poder, entre los medas, persas y otras naciones, se curaba o pretendía curar, como nuestros ignorantes saludadores, por medio de ciertas prácticas y fórmulas, al parecer extravagantes, hijas de un instinto de sanar. Este poder no era más que el sonambulismo espontáneamente desarrollado; y este instinto un talento natural de sanar, origen de toda medicina.

El Magnetismo en este estado era como eI vapor antes de Ful• ton, o como la electricidad antes de Franklin; existía, sí, pero no se dominaba. Para poder sacar provecho de este agente, era preciso que el señor de la creación pudiese dirigirlos; y he aquí lo que hizo Mesmer (1), el cual como todos los grandes ingenios, pasó al principio por un charlatán, y se venera ahora, con justo título, como un bienhechor de la humanidad.

Franz o Francisco Antón Mesmer, nació en la alta Suebía el 23 de mayo de 1733, y murió en Suiza el 5 de marzo de 1815.

Prescindiendo de si antes que Mesmer, ya Maxwelles y otros habían dicho que existía un fluido magnético, es incontestable que Mesmer fue el primero que, apoderándose del Magnetismo, magnetizó. También Séneca, hace más de 2.000 años, dijo que existía un nuevo mundo; también los islandeses se supone que hace 1.000 años desembarcaron en él, pero Colón, y sólo Colón, fue el qué surcando mares y atropellando dificultades, se apoderó de él y lo hizo propiedad del género humano.

Ora fuese por la nativa fuerza de su genio, por los raciocinios sobre los exorcismos de la iglesia, por deducciones hechas de las prácticas de los saludadores, por la observación del influjo que un hombre tiene sobre otro cuando le gana la acción o le mira con dominio de hito en hito, por lo que unos animales ejercen sobre otros, como algunas serpientes sobre diferentes aves, ora fuese en virtud de todas estas circunstancias reunidas, es indudable que Mesmer fue el primer hombre que adoptó ciertos gestos, cierto modo de mirar, ciertos movimientos y sacudimientos de manos y brazos llamados pases, ciertas actitudes prestigiosas que constituyen en general Io que se llama magnetizar, y con los cuales él magnetizó artificialmente primero que nadie.

El único y exclusivo objeto de Mesmer en el descubrimiento de producir fenómenos magnéticos, fue curar, fue presentar un nueva sistema de curación. Su procedimiento, y por reunir, en una sala prestigiosamente alumbrada y adornada, los enfermos, dándoles a cada uno una varita de hierro, alrededor de un cubo de madera de un pie o dos de alto. De este cubo salían unos alambres que tdmaba cada uno de los enfermos y aplicaba si quería a la parte

(1) Entiéndase que el descubrimiento de Mesmer no fue el del flúido nérveo o magnético, que éste todavía se desconoce, sino el de producir, por medios artificiales, los fenómenos que este flúido producía, ya espontáneamente ya por externa o extraña desconocida influencia. Mesmer descubrió el modo de poner el flúido nérveo o magnético en aquel estado que produce los fenómenos que hoy se Ilaman magnetismo y sonambulismo. Mientras no se descubra y domine la causa de esos fenómenos, esto es, cl mismo flúido nérveo, el magnetismo humano, como ya se ha dicho en otro lugar, no constituirá sistema o ciencia.

que tenía dañada. Circundaba a todos los pacientes, que formaban una cadena dándose los pulgares e índices, una cuerda que los mantenía unidos.

Ponía se Mesmer sobre una mesa o tarima algo elevada, y desde allí dirigía a sus pacientes significantes miradas, prestigiosas actitudes, movimientos expresivos, etc., o todo esto lo hacía inmediatamente a cada uno de los pacientes hasta que ora por influjo moral que todo esto producía, ora por el influjo directo físico sobre fluido nérveo, al cabo de quince o veinte minutos, unos se sentían con dolores fuertes de cabeza, otros experimentaban náuseas, éstos temblores, aquéllos, saltos eléctricos, etc., etc.

Cuando esto sucedía, Mesmer gritaba con voz estentórea: la crise, la crise, la crise.

No hay clase de injurias ni denuestos con que no le saludasen sus contrarios, pero él produjo, por estos medios, admirables curas, y ganó inmensas riquezas, que no parece sino que se las codician todavía algunos de sus émulos. Mesmer tuvo luego secuaces, pero el más formidable fue d'Eston, que así seguía las prácticas de su maestro como se defendía tenaz y victoriosamente de sus émulos.

Así continuó el Magnetismo hasta 1784, cuando Puysegur, discípulo de Mesmer, notó al magnetizar un enfermo, que éste sentía y obraba como el mismo magnetizador. He aquí el origen de lo que se llama sonambulismo: porque después del descubrimiento de Peysegur, ya no se buscaba en la magnetización más que en efectos o fenómenos, que pueden producirse a insensibilidad completa, menos para el magnetizador, trasposición de sentidos, transmisión de voluntad sin comunicarla más que por pensamiento, intuición o visión del interior del cuerpo, previsión o vista de objetos a largas distancias y al través de cuerpos opacos, talento cautivo y profetización de sucesos futuros (1).

De algunos de estos fenómenos y otros igualmente maravillosos, que no se pueden creer sin verse, y acaso sin producirse, yo no puedo decir que sean verdaderos para mí porque no los he comprobado, pero para mí es de todo punto indisputable que muchos de los que se magnetizan pierden la sensibilidad física, y algunos hasta el extremo de que se les puedan hacer amputaciones sin que lo sientan; que varios de ellos ven claramente objetos con los ojos cerrados y al través de cuerpos opacos, y que no pocos predicen, con toda exactitud, el día y hora en que ha de acometerles algún acceso o alguna enfermedad.

Del Magnetismo con relación a la espiritualidad, libertad e inmortalidad del alma

Supuesto que el Magnetismo es un fluido que circula por los nervios, como la sangre por las venas, que es lo que yo creo, que es lo que los hechos hasta ahora observados y colegidos sobre la materia demuestran, este descubrimiento no es mas que un nuevo adelanto en la Fisiología humana, y en la Filosofía mental

(1) Respecto a profetizaciones sonámbulas, debe advertirse que son como las profetizaciones de los magnetizados, esto es, deducciones o suposiciones más o menos ciertas.

Respecto a la Fisiología, el Magnetismo ha extendido, según la incesante marcha de progresivo adelantamiento, nuestros conocimientos en las funciones del sistema nervioso; funciones que, si bien su causa inmediata no está sujeta a nuestra observación ni dominio, son el crepúsculo de nuevos importantes descubrimientos, son eslabones en la gran cadena del progreso humano.

Respecto a la Filosofía mental, el Magnetismo ha ensanchado también su esfera a los ojos humanos. Como por una parte, en el orden natural, el soplo divino que nos alienta, sólo se manifiesta por medio de la cabeza y resto del organismo a que Dios en este mundo misteriosamente lo ha unido; y, como, por otra, sólo puede manifestarse según la condición de esa cabeza y resto del organismo, el Magnetismo, agente puramente físico, activando o modificando de una manera especial los órganos de manifestación del alma, éstos nos revelan ciertos fenómenos mentales, ciertos atributos y modos de actividad de nuestro espíritu que sin su ayuda acaso nos hubieran estado para siempre ocultos. Si un sonámbulo ve con los ojos tapados o. al través de cuerpos opacos, el alma y no el cuerpo es la que ve, pero el alma ve en virtud de haber adquirido el aparato visual y cerebral una nueva fuerza, una actividad especial y particular, bien así como la vista del miope cuando por medio de unos vidrios cóncavos ve objetos a larga distancia, cuyas impresiones recibe el cerebro que trasmite luego positivamente sabemos de él, a la espiritualidad, libertad e inmortalidad del alma, presta nueva ayuda para hacer resaltar y brillar más y más sus divinos atributos a los ojos humanos. Porque, en efecto, el alma es pura, espiritual, inmortal, con su innata libertad y los destinos que la religión nos enseña; pero de la misma manera que cuando se hace una operación quirúrgica en los ojos sacándoles unas cataratas, manifiesta una vista más completa o menos dañada que antes; y que cuando se esterizan los nervios de sensación, ella no manifiesta sensación externamente; así también cuando se magnetiza el organismo, se manifiesta ella según el nuevo estado que adquiere o asume ese organismo. Un niño de cuatro años que cometa un acto, por atroz y criminal que sea, será absuelto como inocente por cualquier tribunal. ¿Por qué? Porque se sabe que en aquella edad el organismo cerebral es tan débil, tan inmaduro, que ni la razón ni la voluntad pueden manifestarse en su completa libertad ni robustez. Más tarde ese organismo se modifica, se hace más vigoroso con los años; con los años alcanza mayor madurez, y ya se supone después, que el alma se manifiesta más completamente en todas sus facultades, y el mismo inocente trasgresor niño, se considera hombre, trasgresor criminal. Pues bien, el Magnetismo, en último resultado, viene a efectuar lo que efectuaron los años en el niño, esto es, le modificaron el organismo cerebral, en virtud de cuya modificación el alma se manifestó con nuevos o más robustos atributos. De manera que cuanto he dicho anteriormente respecto a la completa armonía entre las doctrinas frenológicas y la espiritualidad, libertad e inmortalidad del alma, es aplicable a las doctrinas y hechos magnéticos conocidos.

Diferentes modos de magnetizar

Los varios modos conocidos de magnetizar son como los varios sistemas conocidos de curar. Cuando se inventa o descubre alguno, su autor quiere que sea el único, el exclusivo, el perfecto; hasta que los hechos y la experiencia demuestran que la ciencia de curar es la reunión de los sistemas curativos, así como el arte de magnetizar es la reunión de todos los métodos magnetizativos. Brawn quiere excitantes; Broussais calmantes; Le Roy limpiantes; Hanneman semejantes, para curar; pero todo esto será bueno o malo según la enfermedad, condición y circunstancias especiales del enfermo. Lo mismo debe decirse respecto al modo de magnetizar, todos los sistemas son buenos o malos según la persona que quiera magnetizarse; pero todos deben conocerse para saberlos usar cuando convenga.

El método por el cual magnetizaba el sacerdote de Eumidia, y el que usaba o de que se servía Mesmer, ya se ha descrito; ulteriores experimentos dieron a conocer que, respecto al sistema adoptado por Mesmer, ni la varita magnética que daba a cada uno de sus pacientes, ni los alambres, ni el uso de ninguna clase de metal, producen el menor efecto en la magnetización humana.

El sistema que se adoptó después de Mesmer, y el que más generalmente se siguió, fue el titulado de Deleuze, el cual es como a continuación se describe.

Método de Deleuze

Colóquese el que ha de ser magnetizado en un asiento y posición bien cómodos, y de manera que pueda descansar su cabeza sobre alguna almohada o blando apoyo, como si quisiera disfrutar las delicias de una grata y reparadora siesta. Enfrente de él, y algo más elevado, se sentará el magnetizador, que le tendrá las piernas y los pies dentro de los suyos. El paciente debe abandonarse a la voluntad del operador, no pensar en nada, no tener ningún deseo vehemente, no distraerse esperando los efectos que ha de experimentar, desvanecer todo temor, no disgustarse, ni desmayar en caso que la acción magnética, produzca en él dolores momentáneos.

Después de haberse concentrado el operador, tomará los puIgares del paciente entre sus dedos, de manera que se toquen las venas de ambos, y continuará mirándole de hito en hito de dos a cinco minutos, hasta que se sienta haberse establecido un calor igual en los pulgares de los dos. Hecho esto retirará el magnetizador las manos y las dirigirá continuando siempre con los ojos clavados en la vista del paciente, hasta la altura de la cabeza. Entonces las colocará sobre los hombros donde las tendrá un buen rato, las pasará después por toda la extensión de los brazos hasta la extremidad de los dedos, rozándolos con la superficie interior ligeramente. Estos pases se harán cinco o seis veces consecutivas, y al subir las manos, las apartará un poco del cuerpo. En seguida colocará las manos encima de la cabeza, reteniéndolas en ella un momento, bajándolas luego por la frente y la cara, a distancia de dos pulgadas, hasta llegar a la boca del estómago, donde se detendrán unos dos minutos. Las yemas de los pulgares deben tocar eI estómago, y los demás dedos a ambos lados de las costillas, o mejor, si se puede, sin moverse del asiento, hasta el extremo de los pies. Este procedimiento se repite la mayor parte de las sesiones. También debe alguna vez eI magnetizador aproximarse al paciente para ponerle las manos sobre las espaldas y poderlas bajar a lo largo del espinazo, y de aquí sobre las caderas, pasando en seguida por los muslos hasta las rodillas o hasta los pies. Después de los primeros pases puede dispensarse de colocar las manos sobre la cabeza, continuando los pases desde los hombros hasta el extremo de los brazos, y por encima del cuerpo en el estómago.

Algunos, creídos que toda fuerza magnetizadora y susceptibilidad magnética, reside en los ojos, creyeron que el verdadero sistema de megnetización consistía en mirar. Este procedimiento, que surte efecto en algunas personas muy susceptibles, es como sigue:

Siéntese el operador enfrente; mírense ambos tan fijamente como les sea dable. Acaso el paciente exhalará algún profundo suspiro; en seguida sus párpados pestañearán, asomándose algunas lágrimas; luego se contraerán fuertemente varias veces, y por último, se cerrarán. Será siempre muy del caso, como en el procedimiento anterior, que se hagan algunos pases desde la cabeza a las extremidades. Suelen sobrevenir al paciente, si se resiste, algunos ataques de jaqueca que el magnetismo por los ojos ocasiona, de los cuales el magnetizador no siempre puede librarse. «Pero todo esto es pasajero.»

Dícese que también se magnetiza por la simple voluntad. Esto es, que R., por ejemplo, haciendo una intención fuerte de magnetizar a L., éste queda magnetizado. Yo no lo he visto ni lo he ejecutado. Me ha sucedido, sí, después de haber magnetizado muchas veces a alguna persona sumamente susceptible, quedarse magnetizada al mirarme ella, suponiendo, por la expresión de mi semblante, que yo deseaba se magnetizase. Yo no he visto caso alguno, en suma, que una persona se magnetizase sólo porque otra mentalmente lo quisiera sin dárselo a comprender en ningún sentido ni de ninguna manera externamente.

Algunos individuos llevados de la idea que en Magnetismo todo se reducía a sorprender, dominar, ganar la acción, imponer con el prestigio del mando, en suma, a efectar moralmente al paciente, procuraron magnetizar por ese principio exclusivo. El abate Faría, fue quien adoptó este método con exclusión de Ios demás y por esta razón se conoce por su nombre. El sistema, pues, del abate Faría, era como sigue:

Hacía sentar en una poltrona a su paciente, recomendándole cerrara los ojos, y al cabo de algunos minutos de recogimiento, le decía con voz fuerte e imperativa: ¡Duerma! Esta sola palabra, pronunciada en medio de un silencio prestigioso y solemne por un hombre de quien se contaban tantos prodigios, causaba algunas veces en el paciente una impresión tan viva, que producía un ligero sacudimiento en todo el cuerpo, cierto calor y transpiración, y a veces sonambulismo. Si esta primera tentativa no salía bien, sometía aI paciente a una segunda; en seguida a una tercera, y aun hasta una cuarta prueba; pero si después de ésta no se dormía, declaraba la persona incapaz de entrar en el sonambulismo lúcido.

También se magnetiza, y es sistema muy usual, haciendo sentar cómodamente en una silla al paciente, y puesto en pie a dos, tres, o cuatro varas de distancia, el magnetizador, extiende los brazos y las manos rectamente en dirección hacia los ojos del que ha de magnetizarse, mirándole al propio tiempo fijamente y de hito en hito.

Penetrado yo de que todos los sistemas que acabo de indicar producen buen efecto según las personas a quienes se aplican; profundamente convencido por otra parte que el fluido nérveo no sólo se pone en movimiento por el influjo físico del magnetizador sino también por el influjo moral, he adoptado un sistema, método o procedimiento general que me ha surtido muy buen efecto. En este método, que por amor de distinción podrá Ilamarse, si se quiere, método de Cubi, he procurado reunirlos todos, y afectar a la vez y de golpe física y moralmente (1) al paciente. Helo aquí:

«Sentado o en pie eI paciente, le coloco mis manos en las sienes, con los pulgares sobre las cejas. Así colocado, miro al paciente con los ojos tan de hito en hito, con tanta fijeza e imperio, que me parezca a mí que lo tengo completamente bajo mi dominio. Después de medio minuto o minuto a lo más, le digo, con voz dominante, al modo de Paria: Duerma. Al acto de decir esta palabra, paso los pulgares por los párpados del paciente, y coloco las manos en seguida sobre sus ojos cerrados y la frente sin permitir que los abra. Si no queda el paciente instantáneamente dormido, lo que con frecuencia sucede, repito algunas veces, con voz de mando: duerma. Si así no se produce el efecto deseado, Ie pongo las manos en la cabeza: le introduzco los meñiques en los oídos: o Ie hago algunos pases; pero toda la operación no pasa de tres minutos. Por lo común la persona que sea susceptible de ser magnetizada queda dormida con este procedimiento; pero si no sucede, repito la operación dos o tres veces. En caso de que estas repeticiones no surtan efecto, considero al paciente como inmagnetizable por mí.»

(1) Ahora, con el auxilio de la frenología, sabemos que afectar o influir lo moral, es presentar al hombre los objetos o acciones que directamente conmueven agradable o desagradablemente la circunspección; y esta circunspección, así afectada, transmite por todo el organismo, por medio del sistema nervioso, su desapacible estado. Ganar la acción, no es más que presentarse de sorpresa ante nosotros un objeto o persona que afecta nuestra veneración, conservatividad y circunspección, de manera que abogan la acción de los otros órganos, y nos hallamos, por consiguiente, anonadados y casi sin voluntad. De donde se infiere que mirar un individuo agente a otro paciente, con una intención dominadora, prestigiosa y eficaz, produce un efecto sobre los órganos expresados, semejante al que nos produce una persona de la cual hemos oído grandes actos de valor o cosas pasmosas. Ante él nos sentimos pequeños, anonadados; sus palabras tienen sobre nosotros un influjo extraordinario. Por esta razón, si bien la susceptibilidad magnética o cosquillosa, reside en el paciente, el afectarla, el conmoverla, se ejecutará con mayor o menor facilidad, con mayor o menor maestría según los conocimientos y prestigio de la persona o agente, esto es, de la persona que magnetiza o titila.

De lo único que puede y debe tenerse miedo, lo único que puede producir algún resultado funesto o desagradable, es el magnetizar de manera que el paciente no oiga al magnetizador. Por esto, en el acto de haber dicho duerma la primera vez, y después sucesivamente durante la operación, debe llamarse por su nombre al paciente. Caso de que no responda en el momento, debe procederse a la des-magnetización o despertamento según se explicará luego. Si responde, no hay cuidado; pero si no responde, repito, que sin pérdida de momento debe procederse a la desmagnetización, que se efectúa sin dificultad; pero si quedase el paciente sin responder algunos minutos, podrían sobrevenir cefalagias, convulsiones y otros desagradables accidentes. Por lo demás mientras oiga, no hay que asustarse por ningún accidente. Si se le sube la sangre a la cabeza, todo desaparece, por más que esto haga reír a los que no lo han visto, con sólo mandar el operador que desaparezca, ventando con la mano la región afectada.

Desmagnetizacián o despertamiento

Al cabo de 5 ó 10 minutos, por lo común no conviene estar magnetizado más tiempo, se manda al paciente que se prepare para desmagnetizarse. —«¿Está usted preparado?», se le dice luego. «Sí», responde. —«Pues bien: despiértese usted», se le replica con voz de mando; y luego se le soplan los ojos y se le hace aire con los brazos y manos por la cara y resto del cuerpo. Si esto no basta para producir un completo despertamiento, se manda al paciente a que tome un poco de aire fresco, o se le hace viento con un abanico; pero rara vez se necesita acudir a estos últimos medios. Lo que sí conviene, es no consarse de desmagnetizar ni dejar al paciente hasta que se halle completamente despierto. Si en el acto de la desmagnetización siente algún dolor, por increíble que parezca al que no lo ha observado, desaparece soplando la región dolorida, o ventándola con la mano, diciendo al paciente cbn voz de mando que desaparezca.

Magnetismo espontáneo y artificial

Por magnetismo espontánea se entiende el estado magnetizado en que naturalmente suelen aparecer algunas personas, por lo común después de algún ataque nervioso.

En la ciudad de León no hay un solo vecino que no cuente estupefacto los fenómenos de exquisitísima sensibilidad y vista al través de los cuerpos opacos, de una señora que natural y espontáneamente entra en lucidez sonámbula después de algún accidente epiléptico a que está o estaba sujeta. Los antiguos y los modernos hasta Mesmer, no conocían el Magnetismo sino en sus efectos naturales y espontáneos según acaba de explicarse.

Por magnetismo artificial se entiende el mismo magnetismo natural o espontáneo producido por los esfuerzos humanos. En este particular el hombre no ha hecho más que arrancar a la naturaleza

un secreto que sólo ella poseía antes. Nótese bien que eI hecho existía; el hombre no ha creado, producido ni inventado nada; sólo ha descubierto el modo de producir, con su inteligencia y sus esfuerzos, lo que antes estaba sólo reservado a la naturaleza.

TABLA DE LOS DOCE SIGNOS DEL ZODIACO

Los signos del zodíaco son doce, en el orden siguiente:

Aries

Tauro

Géminis

Cáncer

León

Virgo

Libra

Escorpión

Sagitario

Capricornio

Acuario

Piscis

INFLUENCIA DE LOS PLANETAS Y SIGNOS DEL ZODIACO SOBRE EL FETO

De la Influencia de los Planetas sobre el feto

Estando encerradas dentro del cuerpo todas las potencias que tiene el alma, es preciso confesar que le viene de cuerpos superiores y celestes. En efecto, el primer móvil que encierra por su movimiento diario todas las esferas inferiores, comunica por su influencia a la materia la virtud de existir y de moverse; el globo de las estrellas fijas da al feto no sólo poder para distinguirse según las diferentes figuras y accidentes, sino también la facultad de comunicarlas y de poder trasmitir el poder de diferenciarse, según las diferentes influencias de este globo. Según los astrónomos, la esfera de Saturno viene inmediatamente tras el firmamento, y el alma recibe de este Planeta el discernimiento y la razón; luego sigue la de Júpiter, que da al alma la generosidad y muchas otras pasiones; Marte le comunica la cólera, el odio, y muchas otras cosas; el Sol, le infunde la ciencia, la alegría y la memoria; Venus los movimientos de la concupiscencia; Mercurio la alegría y el placer, y por fin la Luna, que es el origen de todas las virtudes naturales, las fortifica. Veamos cómo se verifican estas influencias.

Es preciso notar, en primer lugar, que la matriz del hombre, que ha de ser engendrada en razón a la frialdad y sequedad de Saturno, recibe de este Planeta una virtud fortalecedora y vegetativa con un movimiento natural, y por esto dicen los médicos que se atribuye a Saturno la caída del esperma en la matriz, durante el primer mes de la concepción, y en lo sucesivo, porque por su frialdad y sequedad, endurece y precipita el semen.

De aquí nace una duda, yes: ¿Domina Saturno en la concepción de todos los embriones? Respecto a esto debe decirse que la materia primera depende de los cuerpos celestes y de sus movimientos; lo cual, según los filósofos, proviene de que todo lo que es inferior está sujeto a lo superior, y se regula por su movimiento. Así supuesto, es necesario que todos los seres inferiores de aquí abajo dependan universalmente y en particular de los del conjunto del universo, porque no se puede crear ningún elemento sin su participación ni influencia. Por esto se ha dicho que la naturaleza no obra nada en la dirección de las inteligencias superiores, y por lo mismo dijo Aristóteles en su 2.° libro de la generación y de la corrupción, que a la salida del sol, todos los animales se llenan de vida y que cuando aquél se pone todos languidecen.

Saturno tiene dos poderes; uno el de preparar la materia en general y otro el de darle una forma determinada; pero al decir que Saturno domina siempre en la concepción del embrión, sólo se entiende que comunica una disposición que otro planeta no podría comunicar. Por lo tanto, no reina sino a ciertas horas del día y de la noche, cediendo a intervalos en su influencia para dar paso a la de otro astro diferente, que influye en otro sentido que no lo haría Saturno.

Júpiter sigue a Saturno y domina en el 2.° mes, y por una disposición y favor especial, prepara y pone en aptitud a la materia del feto para recibir los miembros que le han de ser propios; refuerza con su calor, de un modo intenso, la sustancia del feto y humedece las partes que Saturno había secado en el primer mes.

Marte domina en el tercer mes de la concepción, y con su calor forma la cabeza, distingue unos de otros todos los miembros que han de componer al hombre; por ejemplo, separa el cuello de los brazos, los brazos de los costados, y así sucesivamente.

El Sol predomina en el 4.° mes e imprime ya diversas formas especiales al feto; él crea el corazón y da movimiento al alma sensitiva, al decir de muchos astrónomos y médicos; mas Aristóteles es de otro sentir y sostiene que el corazón se engendra antes que todo lo demás, pues todas las partes proceden de él. Los que siguen esta opinión se fundan en ella para decir que el Sol es la fuente y el origen de la vida.

Venus, en el quinto, perfecciona por su influencia algunos miembros exteriores, formando otros como las orejas, la nariz, los huesos, el prepucio en el varón y la vulva y los pechos en la hembra, y por fin separa y distingue las manos, los pies y los dedos.

Mercurio. Este planeta influye en el sexto mes, forma los órganos de la voz, las cejas, los ojos, favorece el crecimiento del cabello y da uñas al feto.

La Luna continúa la obra comenzada por los demás planetas, llenando con su humedad todos los vacíos que halla en las carnes, contribuyendo por este medio y junto con Mercurio y Venus a dar por la humedad la sustancia nutritiva necesaria al cuerpo.

Saturno. Con su influjo, en el octavo mes, se resfría y reseca el feto, haciéndose por lo tanto más compacto; por eso dicen los astrónomos que el feto que se engendra en el mes octavo es como muerto, según se explicará en lo sucesivo.

Júpiter, sin embargo, aparece en el noveno mes, penetra de su calor y humedad aquel feto, y lo que en aquel mes se engendra se hace fuerte, robusto, de larga vida; lo que le comunican aquellos agentes.

Aparte de los planetas, tienen también influencia sobre el feto los doce signos del zodíaco.

Aries, cuando en su signo se presenta el Sol con moderación, comunica calor y.humedad y excita a la generación, por lo cual el movimiento del Sol en Aries, se ha llamado el origen y la fuente de la vida, lo que guarda consonancia con eI papel que se le atribuye en la formación del cuerpo humano, que es dar nacimiento a la cabeza, por ser ésta el centro de la vida representada por el caIor y la humedad.

Tau rus domina sobre el cuello, Géminis sobre la espalda, Cáncer sobre las manos y los brazos, Leo sobre el pecho, el corazón y el diafragma, Virgo sobre el estómago, los intestinos, los costados y los músculos. Como todos estos signos pertenecen al cielo, tienen su influencia sobre la mitad superior y más noble del cuerpo. Libra obra sobre los riñones y es el origen de otros miembros; Scorpio influye en los órganos favorables a la concuspiscencia, ya en el hombre, ya en la mujer; Sagitario en los excrementos; Capricornio en las rodillas: Acuario en las piernas y Piscis comunica su influencia a los pies.

Se advierte que esto no es fingido ni imaginado, y que las consecuencias de maltratar o perjudicar un miembro cuando éste se halla bajo la influencia del signo correspondientes, son terribles y que muchas imperfecciones con que nacen los niños (como joroba, sordera, mudez, etc.) se deben a esos descuidos fundados en la poca importancia que se da al influjo de los signos del Zodíaco.

DE LAS VIRTUDES DE CIERTAS PLANTAS

El filósofo Avicena dice en varios pasajes que toda ciencia es buena en sí, pero que el resultado es bueno o malo según el fin a que se dirige y el uso que de ellas se hace; de donde se deducen dos cosas: la primera, que la magia no es prohibida ni mala, puesto que por su conocimiento puede evitarse el mal y hacerse el bien; y la segunda, que el efecto sólo debe ser laudable por su intención, y que muy a menudo se desaprueba una ciencia por no tender al bien o a la virtud; lo cual hace que toda ciencia sea buena o mala, como se ve en la magia misma, cuyo conocimiento bueno en sí cuando se aplica con desciframiento de las cosas naturales, es peligroso cuando se separa de ellas.

Comenzaré este tratado hablando de las virtudes de ciertas hierbas, seguidas de las de ciertas piedras, y finalmente ciertos animales y de sus virtudes.

Los nombres de las hierbas de que hablamos son: heliotropo, ortiga, verga del pastor, celedonia, vinca pervinca, nebada, cinoglosa, (lengua de perro) beleño, flor de lis, muérdago, centaurea, salvia, verbena, melisa, rosa y serpentina.

Heliotropo. Los caldeos la llamaban ireos, los griegos multichiol x los latinos heliotropium, palabra derivada de las dos griegas dios, que significa sol; y tropos, que quiere decir vuelta, equivalente a tornosol o girasol, porque esa hierba se vuelve al sol. Posee una virtud admirable si se recoge en agosto bajo el signo leo, pues arrollándose en una hoja de laurel con un diente de lobo y puesta al sol, nadie podrá hablar mal o calumniar a quien la lleve, sino por el contrario se dirá bien de él; más aún, quien la coloque bajo su cabeza durante la noche, verá y conocerá a los que puedan ir a robarle, y por fin, si arrollada de la indicada manera se echa en una iglesia en que haya mujeres, las que hubieren violado la fe conyugal no podrían salir de allí, a menos que no se quite la hierba de la iglesia. Este caso es seguro y su prueba ha sido muy frecuente.

Ortiga. Fue llamada por los caldeos Royb, por los griegos olteribus y por los franceses ortie. Quien tenga en la mano de esta hierba en unión de la mil hojas no sudará, ni se asustará al aspecto de ningún fantasma, untada con jugo de Serpentina, frotándose con ella las manos y arrojando el resto del agua, se sacarán de ésta cuantos peces allí se encuentren, y retirando las manos, volverán los peces a los lugares de donde salieron.

Verga del pastor. Es la lomberot de los caldeos, allomos de los griegos y verge de pasteur entre los franceses. No hay más que tomarla, mezclada y templarla con zumo de Mandrágona y darla luego a una perra u otro animal hembra y concebirá y parirá un animalito de su propio género y especie. Y si luego se toma uno de los dientes maxilares de este animal y se toca con él carne o se sumerge en vino, los que comieren o bebieren de ello trabarán pendencia unos con otros, pudiendo únicamente tranquilizarse dándoles jugo de verbena, con lo que recobrarán su primitiva tranquilidad.

Celedonia. Fue conocida de los caldeos bajo el nombre de aquilarja, por nacer en la época en que las águilas forman sus nidos; los griegos la llamaron vals y los franceses chelidoine. También se presenta esa hierba al tiempo de anidar las golondrinas. Si alguno la lleva consigo en unión de un corazón de topo, sobrepujará a todos sus enemigos y saldrá bien de toda suerte de negocios y procesos. Puesta en tal disposición sobre la cabeza de un enfermo, si debe morir cantará en alta voz, y si no llorará.

Vinca pervinca. Llamáronla los caldeos vetisí o tteriri, los griegos voraz, los latinos pervinca y los franceses pervenche. Reducida a polvo con gusanos de tierra da amor a los hombres que la tomen en sus comidas; y echado este compuesto con un poco de azufre en un estanque, morirán cuantos peces haya allí. Si se le da a un búfalo, reventará en el acto. Modernamente se ha comprobado este secreto. Arrojado el compuesto al fuego, se vuelve en seguida azulado.

Nebada o hierba gatera común, se llama la sexta; en caldeo bicith, en griego retus y en francés nepte. Mézclese con una piedra que se halla en el nido de las abubiIlas, y frotando con ello el vientre de un animal hembra, tiene la virtud de hacerle concebir, con la especialidad del fruto que dé a luz será muy negro. Aplicada a la nariz de ciertos animales, los hace caer repentinamente muertos, volviéndose a levantar poco después; frotando con ella en una colmena no saldrán de allí las abejas sino que se juntarán todas; mas si las abejas estuvieren a punto de anegarse o medio muertas, no hay más que ponerlas en esta composición y al cabo de una hora revivirán. Lo mismo sucede si se ponen moscas ahogadas en cenizas calientes.

Ginoglosa o lengua de perro. En caldeo ageit, en griego orum y en francés langue de chien. Póngase esta hierba donde se quiera, con el corazón y la matriz de una ramilla, y se verá reunirse en torno a ella todos los perros de los alrededores. Si alguien se la pone en el dedo gordo del pie, impedirá ladrar a los perros, y si se ata a la cola de uno de éstos, dará vueltas hasta caer muerto. Todo cuanto se ha dicho se ha probado en nuestros tiempos.

Beleño. En el caldeo mansesa, en griego ventosin y en francés jusquiame. Tómese esta hierba, mézclese con rejalgar y hermodáctila, désele en algo a un perro rabioso y morirá en el instante. Si se exprime y se echa el jugo en una taza de plata, se romperá en pedazos, y si se mezcla con sangre de liebre joven y se guarda dentro de la piel de ésta, cuantas liebres perciban el olor irán al lugar en que se guarde hasta que se quite de allí.

Flor de lis. Entre los caldeos -se llamó ango, entre los griegos amata y entre los franceses lis. Curiosísimo es uno de los secretos de esta planta. Recójase esta hierba cuando el sol se halle en Leo, mézclese con jugo de laurel, métase por algún tiempo debajo de estiércol y engendrará gusanos, que reducidos a polvo y puesto al cuello de una persona, o, en las ropas que vista, 1e privarán de dormir mientras se dejen allí. Y si una persona frota uno de estos gusanos con los restos de esta composición, le sobrevendrá calentura. Otro secreto más: Si la flor de lis, así dispuesta, se arroja en un vaso que contenga leche de vaca y se cubre en seguida el vaso con una piel de vaca de igual color, las vacas de los alrededores perderán la leche.

Muérdago. Los caldeos la llamaron luperax, los griegos elisena y los franceses guy de chene. Crece en los árboles agrietados y junto a otra que se llama Silpium; abre toda clase de cerraduras. Si se cuelga de un árbol con una ala de golondrina, acudirán allí las aves de dos leguas a la redonda, conforme lo he experimentado.

Centaurea. Es la que los caldeos llamaban isifilon, los griegos ortegonia y los franceses centurée. Aseguran los mágicos que esta hierba tiene una virtud maravillosa; pues mezclada con sangre de abubilla hembra y echada en una lámpara con aceite, se imagina uno ser mágico, pues se verá con los pies en el aire y la cabeza abajo. Echada al fuego cuando brillen las estrellas, parecerá que corren y entrechocan unas con otras. Puesta en la nariz de alguien, le hace cobrar tal miedo que correrá con todas sus fuerzas. No hay que asegurar que este secreto es igualmente cierto.

Salvia. Es la duodécima, y fue conocida por los caldeos bajo el nombre de colorido, o coloricon, de los griegos bajo el de clamor; llamósela salvia en latín, y es entre los franceses suave. Si se deja podrir bajo estiércol en una botellita de vidrio, se forma cierto gusano o pájaro que tiene la cola al igual que el mirlo, y frotando con su sangre el estómago de alguien, pierde el sentimiento, por espacio de quince días. Si se quema este gusano y se arroja la ceniza al fuego, se oirá en el acto como un terrible trueno, o bien colocado su polvo en una lámpara y encendiéndola en seguida, parecerá llenarse de serpientes la habitación. Se ha probado muchas veces.

Verbena. Olfanas de los caldeos, hitioron de los griegos, y verveine de los franceses. Si esta hierba (al decir de los mágicos) se coge cuando el sol está en aries y se mezcla con sangre de cabra de un año, cura a los que están sujetos a un mal caduco. Si se coloca en la tierra durante 6 semanas, criará gusanos que al tocar a los hombres les matarán. Colóquesela en un palomar y todos los palomos de Ios alrededores se reunirán en torno de él. Si el polvo de esta composición se expone al sol, éste parece blanquecino y si se arroja de él en donde haya varias personas reunidas o entre dos amantes, habrá luego entre ellos diferencias y quimeras.

Melisa. En caldeo ceyleos, en griego casini y en latín y francés melisse. Si se coge aún verde, se mezcla con savia de ciprés de un año y se echa en el puchero, aparecerá que se llena de gusanos. Quien la lleve consigo será dulce y agradable, y se verá fuera del alcance de sus enemigos. Otra maravillosa propiedad tiene: no hay más que atarla al cuello de un buey y éste seguirá al que se la haya puesto. Y si aquella mezcla se junta al sudor de un hombre, y se baña allí una correa, al estirarla se romperá inmediatamente en dos partes.

Rosa. En caldeo elegensa, entre los griegos isaphino y entre los franceses rose. Esta planta da una flor muy conocida. Tómese de ella con un grano de mostaza y el pie de una comadreja, cuélguese de un árbol, y téngase por seguro que jamás volverá a dar fruto. Si se pone de este compuesto en una red, acudirán a ella todos los peces, y si se echa junto al pie de una col seca y muerta, antes de medio día reverdecerá. Si se echa en una lámpara ardiendo, todos los que estén en la habitación parecerán negros como diablos. Mezclado de este polvo con aceite de oliva y azufre, y frotando con la mezcla una casa a la hora en que le dé el sol, parecerá que arde.

Serpentina. Los caldeos la llamaron cartulin, los griegos quinquefolium, y los franceses serpentine. Es muy conocida y tiene estas propiedades: Entiérrese con una hoja de madreselva y se formarán serpientes rojas y verdes, que reducidas a polvo y puestas en una lámpara encendida, llamarán alrededor un gran número de serpientes; y poniéndola sobre la cabeza de alguno que esté en cama no dormirá hasta que se le quite.

El modo de servirse de los secretos que se han explicado es sabiendo el dominio de los buenos o malos planetas, con sus horas y días.

Las siete hierbas siguientes (según el emperador Alejandro) reciben sus propiedades de la influencia de los planetas.

La primera la recibe Saturno, y se llama offodilius. Su jugo es muy bueno para apaciguar y curar el dolor de riñones y los males de las piernas. Se le da también a los que padecen de la vejiga. Si se hace cocer su raíz (por poca que sea), los demoníacos y melancólicos que la lleven en un lienzo blanco, se verán libres. Esta misma raíz arroja también de las casas a los espíritus malignos.

La segunda recibe del Sol y se llama Centinodia o cerrequela; toma su nombre del soI porque es muy fértil; algunos la han llamado también «Casa del sol». Esta hierba cura los dolores del corazón y del estómago. Aquel que la toca tiene una virtud derivada de la influencia del planeta que ha dominado en su nacimiento. Si alguno la bebe, la excitará mucho al amor y le dará fuerza para usar del coito; el que lleva su raíz consigo cura del mal de ojos, y consuela mucho a los frenéticos que la llevan sobre el estómago. Es muy buena para los atacados del pulmón, y les da buen aliento y respiración libre.

La tercera participa de la influencia de la Luna, y se la llama flor de saúco. Su jugo purga de la agriedad del estómago y su flor limpia los riñones y los cura. Crece y mengua como la luna, y es muy buena para el mal de ojos; machacada su raíz y puesta en éstos, obra maravillosamente aumentando y aclarando la vista, pues los ojos tienen gran simpatía por la luna, y dependen mucho de su influencia. Sirve también a aquellos que le deben como ayuda de la digestión y para entonar el estómago, asimismo a aquellos que tienen lamparones.

La cuarta goza de la influencia de Marte, y se la llama urnaglosa, que quiere decir «lengua de Aries» por creerse ordinariamente que el Aries (que domina sobre la cabeza de todos los hombres) sirve de lengua a Marte. Se usa, por tanto, contra el dolor de cabeza; además en las enfermedades de los testículos y para las úlceras corrompidas; cuando Marte se encuentra en Scorpio (por ser éste un signo que retiene el semen). Su jugo es admirable para la disentería, almorranas y dolor de estómago, cuando se bebe.

La quinta está influida por Mercurio y se llama serpentina, en francés quinquefeuille. La raíz de esta hierba, hecha un emplasto, cura las llagas y las durezas, y su jugo, bebido con agua hace desaparecer los lamparones en muy poco tiempo; del mismo modo cura también su jugo los dolores y enfermedades del estómago y del vientre. Puesta en la boca apacigua el dolor de dientes y todos los demás que uno pu_1era tener, y a todo el que la lleva consigo, le sirve de un gran auxiliar. Otra propiedad sorprendente es, que aI ir a pedir algo a un rey, o príncipe, no hay más que llevarla consigo y hace obtener todo cuanto se desea.

La sexta participa de Júpiter, y se llama comúnmente acharon y por algunos beleño. Su raíz colocada sobre las úlceras, las hace desaparecer e impide la inflamación en torno de ellas. Si uno la lleva consigo antes de haber tenido una úlcera o postema, no la tendrá. Su raíz es muy buena para la gota, si después de machacada se coloca sobre el sitio en que uno siente el dolor, sobre todo bajo las constelaciones que tienen pies, como aries, escorpio, etcétera. Su jugo, mezclado con miel y bebido, es de maravilloso efecto para los dolores de hígado, porque Júpiter le domina. Contribuye mucho a dar amor y a dar fuerza para el coito. Los que se quieran hacer amar de mujeres no tienen más que llevarlo consigo, pues aquellos que lo llevan son alegres, y por lo tanto, simpáticos a ellas.

La séptima recibe su virtud de Venus, y se la llama pistorión o verbena, colocando su raíz, hecha un emplasto, en el sitio donde está el mal, cura los lamparones, las parótidas, las úlceras y la pérdida de orina. Es magnífica para las desolladuras que se hacen en el ano y para las almorranas. Si se bebe su jugo con miel en agua caliente, da buen aliento y libre respiración. Vuelve amoroso, porque su jugo forma mucho semen; además, si alguno la lleva consigo en el coito, mientras no lleve consigo más que esta hierba no engendrará. Si se pone en una casa, en un terreno, o en una viña, sacará uno de ella grandes rendimientos. Su raíz es buena para los que quieran plantar viñas o árboles, y los niños que la lleven consigo gustarán de la ciencia y serán vivos y de buen humor. Es además muy útil para las purgaciones, y echa los espíritus malignos y los demonios.

Hay que advertir, respecto a todos aquellos que se quieren servir útilmente de ellas, que deben cogerlas desde el día vigésimo tercero de la luna hasta el trigésimo, empezando por Mercurio. Se pueden coger a todas horas del día, pero teniendo presente que mientras se cogen han de decirse las virtudes de estas hierbas, y el uso que se quiere hacer; y en seguida de cogidas deben colocarse sobre trigo o cebada, hasta que vaya a hacerse uso de ellas.

TABLA DE LOS ASTROS Y DE LOS PLANETAS

Sépase que el domingo tiene su signo o astro bajo el Sol; el lunes, bajo la Luna; el martes, bajo Marte; el miércoles, bajo Mercurio; el jueves, bajo Júpiter; el viernes, bajo Venus, y el sábado, bajo Saturno.

Hay que advertir que cada cosa debe hacerse bajo su planeta; y que lo conveniente es verificarla en el día y hora en que aquél domina; como por ejemplo:

Saturno, domina sobre la vida, la ciencia, los edificios y las mudanzas.

Júpiter, domina sobre el honor, los deseos, las riquezas y el aseo de los vestidos.

Marte, preside en la guerra, las prisiones, los casamientos y la cólera.

El Sol, da buena esperanza, provecho, bienestar y herencias. Venus, domina en las amistades, en el amor y en los viajes. Mercurio, preside en las enfermedades, pérdidas, deudas y el crédito.

La Luna, domina sobre las plagas, los sueños, los negocios y los robos.

De las horas del día y de la noche

Ha de empezarse siempre por las horas diurnas del domingo. En la primera domina el Sol, en la segunda Venus, en la tercera Mercurio, en la cuarta la Luna, en la quinta Saturno, en la sexta Júpiter, en la séptima Marte, en la octava el Sol, en la novena Venus, en la décima Mercurio, en la decimoprimera la Luna, y en la decimosegunda Saturno.

Domingo: horas de la noche

Primera, Júpiter; segunda, Marte; tercera, Sol; cuarta, Venus; quinta, Mercurio; sexta, Luna; séptima, Saturno, octava, Júpiter; novena, Marte; décima, Sol; decimoprimera, Venus; decimosegunda, Mercurio.

Lunes: horas diurnas

Primera, la Luna; segunda, Saturno; tercera, Júpiter; cuarta, Marte; quinta, Sol; sexta, Venus; séptima, Mercurio; octava, Luna; novena, Saturno; décima, Júpiter; decimoprimera, Marte; decimosegunda, Sol.

Lunes: horas nocturnas

Primera, Venus; segunda, Mercurio; tercera, Luna; cuarta, Saturno; quinta, Júpiter; sexta, Mr -te; séptima, Sol; octava, Venus; novena, Mercurio; décima, Luna; decimoprimera, Saturno; decimosegunda, Júpiter.

Martes: horas diurnas

Primera, rio; quinta, te; novena, mosegunda, Marte; segunda, Sol; tercera, Venus; cuarta, MercuLuna; sexta, Saturno; séptima, Júpiter; octava, Mar-Sol; décima, Venus; decimoprimera, Mercurio; deciLuna,

Martes: horas nocturnas

Primera, Saturno; segunda, Júpiter; tercera, Marte; cuarta, Sol; quinta, Venus; sexta, Mercurio; séptima, Luna; octava, Saturno; novena, Júpiter; décima, Marte; decimoprimera, Sol; decimosegunda, Venus.

Miércoles: horas diurnas

Primera, Mercurio; segunda, Luna; tercera, Saturno; cuarta, Júpiter; quinta, Marte; sexta, Sol; séptima, Venus; octava, Mercurio; novena, Luna; décima, Saturno; decimoprimera, Júpiter; decimosegunda, Marte.

Miércoles: horas nocturnas

Primera, Sol; segunda, Venus; tercera, Mercurio; cuarta, Luna; quinta, Saturno; sexta, Júpiter; séptima, Marte; octava, Sol; novena, Venus; décima, Mercurio; decimoprimera, Luna; decimosegunda, Mercurio.

Jueves: horas diurnas

Primera, Júpiter; segunda, Marte; tercera, Sol; cuarta, Venus; quinta, Mercurio; sexta, Luna; séptima, Saturno; décima, Júpiter, decimoprimera, Marte; decimosegunda, el Sol.

Viernes: horas diurnas

Primera, Venus; segunda, Mercurio; tercera, Luna; cuarta, Saturno; quinta, Júpiter; sexta, Marte; séptima, eI Sol; octava, Venus; novena, Mercurio; décima, Luna; decimoprimera, Saturno; decimosegunda, Júpiter.

Viernes: horas nocturnas

Primera, Marte; segunda, Sol; tercera, Venus; cuarta, Mercurio; quinta, Luna; sexta, Saturno; séptima, Júpiter; octava, Marte; novena, SoI; décima, Venus, decimoprimera, Mercurio; decimosegunda, Luna.

Sábado: horas diurnas

Primera, Saturno; segunda, Júpiter; tercera, Marte; cuarta, Sol; quinta, Venus; sexta, Mercurio; séptima, Luna; octava, Saturno; novena, Júpiter; décima, Marte; decimoprimera, Sol; decimosegunda, Venus.

Sábado: horas nocturnas

Primera, Mercurio; segunda, Luna; tercera, Saturno; cuarta, Júpiter; quinta, Marte; sexta, Sol; séptima, Venus; octava, Mercurio; novena, Luna; décima, Saturno; decimoprimera, Júpiter; decimosegunda, Marte.

Júpiter y Venus, son Planetas buenos y dichosos; Saturno, y Marte, desgraciados y de mal augurio; el Sol y la Luna, participan del justo medio de ambos. Mercurio es bueno y favorable cuando se le invoca para cosas buenas, y contrario y desgraciado cuando uno quiere hacer mal.

INFLUENCIA DE LOS PLANETAS SOBRE EL CUERPO

Saturno. — Es el planeta más elevado, oscuro, pesado y lento en sus movimientos entre todos los demás planetas, por lo cual el que nace bajo su dominio tiene cuerpo de color oscuro, los cabellos negros y gruesos, la cara grande y barbuda, el estómago pequeño; respecto a su alma, es malvado, pérfido, traidor, colérico, melancólico y de mala vida, gusta de malas costumbres, aunque odia la lujuria. En una palabra, según el parecer de todos los mágicos, reúne todas las malas cualidades del cuerpo y del alma.

Júpiter. — Como planeta dulce, brillante, templado y dichoso, da al hombre que nace bajo él, hermoso rostro, ojos claros, barba redonda, dientes superiores grandes y equidistantes uno de otro, color blanco un poco sonrosado y largos cabellos. Respecto del alma le hace bueno, honrado y modesto, esclavo del honor, de las buenas costumbres y del buen parecer; misericordioso, magnífico, agradable, virtuoso, sincero en sus palabras, grave en su andar, mirando a menudo al suelo. Por este concurso de circunstancias este hombre vive mucho.

Marte. — El que nace bajo este planeta es como él, ardiente y seco, de color rojo, como los que están tostados por el Sol, de cabellos cortos, ojos pequeños, cuerpo encorvado y grosero; a cuyas circunstancias de cuerpo reúne el ser inconstante, embustero, sinvergüenza, traidor, soberbio, vengativo y amigo de sembrar discordias y discusiones.

El Sol. — Este astro, llamado el ojo y la luz del Mundo, da a quien nace bajo él buenas carnes, faz hermosa, ojos grandes, mucha barba y largos cabellos. En cuanto a las cualidades de su espíritu, hay opiniones diversas; unos dicen que no tiene más que hermosa apariencia, siendo un hipócrita acabado; otros aseguran que gusta de las ciencias y alcanza la sabiduría; y otros por fin, creen que es piadoso, devoto, prudente, rico, amigo de los buenos y enemigo de los malos.

Venus. — Todo el mundo sabe que los antiguos daban este nombre a la Diosa de la hermosura, y que la extraordinaria belleza que reviste este planeta ha sido causa de gtle se le diera también este. nombre. Así, pues, todas las cualidades, ya corporales, ya de espíritu que comunica al que nace cuando él reina, están subordinadas a la belleza; es hermoso, de ojos elevados, proporcionada estatura; franco, agradable, sabio, amante de las artes (en particular de la música) y de la danza; viste con una elegancia sorprendente y su andar es airoso.